El clavel verde
La noche del estreno de la obra «El abanico de lady
Windermere», Oscar Wilde llevaba puesto en el ojal un clavel verde. Él había
explicado que esa flor artificial representaba el emblema del decadentismo
esteticista: lo artificial es siempre mejor que lo natural.
Robert Hichens escribió la novela El clavel verde (1894), en la que parodia la relación entre Wilde y
Bosie. La obra, lógicamente, desagradó a Oscar Wilde y la criticó en una nota
que se publicó en la Pall Mall Gazette.


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